Más allá de la deserción: cómo los datos están redefiniendo las trayectorias estudiantiles
El acceso a la educación superior ha crecido sostenidamente en las últimas décadas, pero la permanencia sigue siendo un desafío estructural. Comprender sus causas y anticipar la deserción se vuelve clave en un sistema cada vez más masivo y diverso.
En Chile, ingresar a la educación superior dejó de ser, hace ya algunos años, el principal desafío para miles de jóvenes. Las políticas de acceso, el aumento de la cobertura y la diversificación de la oferta académica han permitido que cada vez más estudiantes inicien estudios universitarios. Sin embargo, este avance ha instalado una nueva tensión: no basta con entrar, hay que lograr permanecer.
Las cifras son elocuentes. Según datos del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), uno de cada cuatro estudiantes abandona sus estudios durante el primer año. Esta situación no solo impacta las trayectorias individuales —generando frustración, endeudamiento o postergación de proyectos personales—, sino que también representa un desafío estructural para el sistema, en términos de eficiencia, equidad y uso de recursos.
Al observar cohortes recientes, la deserción en primer año alcanza el 28,8%. Sin embargo, el fenómeno es más complejo de lo que sugieren estas cifras iniciales: el 49% de quienes abandonan reingresa posteriormente a la educación superior, lo que reduce la deserción permanente a un 14,6% en un período de tres años.
Lejos de ser un fenómeno simple, la deserción universitaria responde a múltiples causas que se entrelazan. Durante años, los factores económicos fueron considerados determinantes; sin embargo, el escenario ha ido evolucionando y complejizando.
“Hoy es ineludible analizar que, en el contexto post pandemia, los porcentajes de deserción asociados a temas de salud mental han aumentado en comparación con años anteriores. Si bien persisten factores económicos, estos han ido disminuyendo en incidencia gracias a las políticas públicas de gratuidad y financiamiento estudiantil. También existen elementos vocacionales, pero el principal desafío está en la transición desde el sistema escolar al universitario. En ese proceso, se evidencian brechas en el acompañamiento durante los primeros años, especialmente en aspectos de rendimiento académico y en la incorporación a la vida universitaria”.
Así lo plantea María Elisa Zenteno, ex Jefa de la División de Educación Universitaria de la Subsecretaría de Educación Superior, con experiencia en el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas y en la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), quien pone el foco en un punto crítico del sistema: el primer año universitario como espacio de ajuste, adaptación y, muchas veces, de quiebre.
La transición desde la enseñanza escolar hacia la educación superior no es solo académica. Implica cambios en la autonomía, en la gestión del tiempo, en las exigencias cognitivas y en la construcción de redes de apoyo. Para muchos estudiantes —especialmente aquellos que son primera generación en acceder a la universidad— este proceso se vive sin herramientas suficientes, lo que incrementa la probabilidad de desvinculación temprana.
En este contexto, uno de los principales desafíos para las instituciones no es solo comprender por qué ocurre la deserción, sino poder detectarla a tiempo. Muchas veces, cuando un estudiante deja de asistir, pierde evaluaciones o se desconecta de su proceso formativo, las señales ya son tardías y las posibilidades de intervención se reducen considerablemente.
Es aquí donde la gestión de la información se vuelve un factor crítico.
“La incorporación de plataformas al servicio de la toma de decisiones en las instituciones cumple un rol fundamental, especialmente en un contexto donde los sistemas universitarios se han masificado significativamente. En este escenario, contar con información oportuna es clave para que las rectorías y las autoridades académicas puedan focalizar recursos y definir acciones concretas frente a problemáticas que se van identificando”.
El desarrollo de plataformas tecnológicas ha permitido avanzar hacia modelos de gestión más integrados, donde datos académicos y administrativos se articulan para ofrecer una visión más completa de la trayectoria estudiantil. Variables como asistencia, rendimiento, participación en plataformas virtuales o cumplimiento de hitos académicos pueden hoy ser monitoreadas en tiempo real, generando alertas tempranas y permitiendo intervenciones oportunas.
En este escenario, herramientas como Ucampus han jugado un rol relevante en la digitalización y trazabilidad de los procesos académicos, facilitando la articulación entre estudiantes, docentes y autoridades. Más allá de la gestión operativa, su aporte radica en permitir una lectura más fina del comportamiento estudiantil, abriendo la posibilidad de anticipar riesgos y fortalecer estrategias de acompañamiento.
Sin embargo, el análisis de la deserción también invita a cuestionar las categorías tradicionales con las que se mide el fenómeno.
“Un estudiante que ingresa a una carrera y, por razones vocacionales, decide no continuar, pero se reincorpora años más tarde en otra área donde esos conocimientos iniciales le sirven de base, ¿es realmente un caso de deserción o una trayectoria educativa diversa? Ese tipo de situaciones hoy no están siendo adecuadamente pesquisadas por el sistema. Nos hemos concentrado en la deserción de los primeros años, pero también es necesario mirar qué ocurre con estudiantes de tercer o cuarto año que experimentan un giro vocacional”.
Esta mirada introduce un matiz relevante: no todas las salidas del sistema son necesariamente fracasos. En un contexto donde las trayectorias educativas son cada vez más diversas y menos lineales, surge la necesidad de repensar los indicadores tradicionales y avanzar hacia una comprensión más integral del recorrido formativo.
El desafío, entonces, no es solo reducir las cifras de abandono, sino entender mejor las trayectorias, acompañar de manera más efectiva y generar sistemas capaces de adaptarse a la diversidad de experiencias estudiantiles.



