Columna de opinión: La Universidad del Futuro



La Universidad es una de las instituciones más longevas de la historia de la humanidad. Se discute cuál fue realmente la primera universidad del mundo, pero de todos modos existen unos mil años de trayectoria. Esta larga historia se debe a su relevancia en la sociedad, pero también a su capacidad de leer su entorno y lograr adaptarse a los cambios dramáticos que han ocurrido en todo este tiempo.
 
Sin embargo, es bastante obvio que la Universidad es una institución conservadora, tradicional, no demasiado dada a experimentos o innovaciones curriculares. Esto puede parecer sorprendente, ya que la Universidad es también la cuna de la investigación, que se basa en experimentar, crear conocimiento, innovar. Pero, por alguna razón, la forma que tenemos de enfrentar nuestra investigación no es la misma con la que enfrentamos nuestro propio quehacer, incluida la docencia y los métodos de investigación. Tal vez por que el costo de equivocarse puede ser enorme en esas áreas: si probamos una docencia que no funciona podemos dañar toda una generación de estudiantes.
 
Sea como sea, hemos sido muy lentos, en el mundo entero, en adaptarnos a los cambios tecnológicos recientes. En los años ochenta y noventa, las universidades lideraron la masificación de Internet y de las tecnologías de información, creando redes y toneladas de software que nos permitieron colaborar y transformar en forma profunda la investigación académica. Sin embargo, el resto de la Universidad: su administración, su docencia, su funcionamiento cotidiano, prácticamente no ha cambiado durante los últimos 100 años.
 
La pandemia del COVID-19 nos obligó a las universidades a cambiar de golpe a un formato de Docencia Remota de Emergencia que, en realidad, es una completa Operación Remota de Emergencia, que nos ha acompañado todo el 2020. Obviamente, no hubo tiempo para organizar ni planificar bien esta operación, y por eso es bueno recordar que es "de emergencia", para no confundir la situación actual con lo que debiera ser una Universidad del Futuro. Pero, también es claro que los cambios sufridos este año son profundos, y no creemos que sea ya posible volver a la situación anterior. Por lo tanto, es interesante ir enfrentando el desafío que se nos viene: ¿cómo debe seguir operando la Universidad más allá de la pandemia? ¿Cómo imaginamos hoy la verdadera Universidad del Futuro?
 
Estoy convencido que la clase expositiva de una hora de duración, con estudiantes presenciales sentados en la sala ya no sirve para una gran mayoría de los estudiantes. Pero también es cierto que ese formato lleva siglos de evolución y experiencia, habíamos aprendido a explotarlo muy bien, no es cosa de llegar y reemplazarlo por cualquier cosa. Mi propuesta para las universidades tradicionales es ir avanzando por un camino intermedio, pero en forma inmediata: disminuir la docencia presencial lo más posible (un curso de 3 horas semanales de clase, cambiarlo por media hora semanal), aumentar todo lo
posible el material docente disponible online (esto incluye 3 o 4 videos de 5 minutos por cada clase presencial antigua) y la evaluación permanente de los estudiantes a través de la plataforma Internet.
 
Debemos monitorear todo lo posible la plataforma online, de modo de recoger los datos de uso y trabajo con todo el detalle y personalización posible. Es lo que nos permitirá entender cómo aprenden los estudiantes hoy. Es algo que nunca tuvimos disponible en las clases presenciales, donde todos aprendimos a mirar al profesor con cara de atención mientras pensábamos cualquier otra cosa.

Creo que este cambio es ineludible, y que redefinirá lo que es una carrera de pregrado en el futuro. Pero también creo que es un problema abierto, que no tenemos soluciones listas y fáciles para implementarlas. Ni siquiera una buena herramienta ya probada en otro país sirve tal cual: la cultura local de los estudiantes es muy importante y diversa entre los países. Cuando toca dictar clases en otras realidades llama mucho la atención lo distintos que son los estudiantes y sus culturas. Debemos descubrir cómo llegar a los chilenos. Pero, en una universidad abierta, deberemos descubrir cómo llegar a los estudiantes latino-americanos y, de ahí, al mundo entero.



José M. Piquer
Vicerrector de Tecnologías de Información y Comunicaciones
Universidad de Chile

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