La Titulación Oportuna: Una carrera sin obstáculos

Por mucho tiempo, en la Universidad de Chile, titularse implicó algo más que cerrar un ciclo académico. Para muchos estudiantes, fue enfrentar un proceso incierto, lento y, en ocasiones, desgastante. No por falta de capacidades, sino por un sistema que —sin proponérselo— terminaba agregando barreras donde debía otorgar  certezas.

Por años, debido a exigencias legales o nuevas normativas se fueron incorporando múltiples formas de operar, criterios dispares y procesos que crecieron sin una mirada común. La consecuencia fue una experiencia desigual, donde el tiempo de titulación dependía más del camino administrativo que del mérito académico, impactando directamente en las tasas de titulación, pero más aún en sus estudiantes.

El  proyecto de Títulos y Grados no surge como una mejora incremental, sino como respuesta a una pregunta incómoda: ¿puede una universidad pública seguir operando con procesos que afectan directamente la trayectoria de sus estudiantes?

Los resultados muestran que era necesario cambiar. En poco más de 1 año, más de 5.200 expedientes han sido gestionados virtualmente, más de 15.700 tesis digitalizadas y los tiempos de tramitación se redujeron de 6 meses  a cerca de 20 días. Pero sería un error celebrar solo las cifras porque cuando un proceso de titulación se demora meses —o incluso más—, no solo se retrasa un trámite. Se postergan oportunidades laborales, decisiones personales y proyectos de vida.

Esta transformación comenzó con una decisión: la disposición de la institución a revisarse a sí misma. Es por esto que la tecnología no vino simplemente a “modernizar” un proceso; vino a obligarnos a cuestionarlo. A preguntarnos por qué pedíamos lo que pedíamos, por qué duplicábamos validaciones y por qué aceptábamos niveles de complejidad que no tenían justificación real.

Porque la tecnología, por sí sola, no resuelve estos problemas. Mal entendida, incluso puede profundizarlos ya que digitalizar un mal proceso solo lo hace más rápido, pero no mejor, por lo tanto, no se trató de trasladar formularios a una plataforma, sino de rediseñar el proceso completo. El principio fue simple, pero exigente: no volver a pedir lo que la universidad ya sabe, simplificar y construir un modelo común que funcione para todos, sin borrar la diversidad de una universidad.

El sistema que hoy implementamos —con expediente digital único, validaciones integradas y seguimiento en línea— funciona no solo por su diseño, sino porque expresa un acuerdo institucional de hacer tangible la transformación digital para su comunidad.

Porque titularse no debiera ser una carrera con obstáculos. La tecnología y la visión estratégica de sus autoridades hoy permiten que la titulación sea realmente oportuna y no sólo una promesa para su comunidad.  

Javier Villanueva
Director
Centro Tecnológico Ucampus de la Universidad de Chile